La balanza protagoniza la plaza,

un desequilibrio social interesado,

en el cual los hombres se elevan en un escalón,

mientras las mujeres saltan en el inferior eslabón.

Una falsa igualdad

baila en la cuerda floja

del abismo social,

donde la unión de los sexos

catapultará la progresión inaudita futura.

Donde solo juntos y juntas,

se dará busca a una igualdad nunca encontrada,

en su anhelo por abrazarla.

 

Una guerrera se adentra en batalla,

su atacante es una sociedad neutral

que nos acuchilla en su ignorancia.

Y nos disfrazamos  con

las máscaras del odio,

los ojos de la injusticia.

Navajas de insultos,

bombas de reproches,

cadenas con te quieros,

torturas justificadas en el nombre del amor.

Pero nos vestimos

luciendo el escudo muñido,

tan antiguo como la humanidad,

lleno de heridas,

salvavidas de madera y hierro.

 

La belleza clásica femenina,

incomparable para el ojo humano,

tiempos pasados tatuados en sus rasgos.

Mujeres,

geishas,

musas,

modelos,

esculturas,

bellas y preciosas,

dignas de admirar,

dignas de retratar.

Oprimidas entre lienzos,

negadas al crear,

negadas al saber,

hoy se agarran los pinceles,

brochas,

plumas,

lápices

y micrófonos

para reivindicar el arte femenino,

para demostrar que también

somos  inmortales,

tomando de referencia

a las grandes mujeres,

que hoy nos hacen,

un hueco en la historia.

 

Una familia ampara la balanza,

retratando la cuestión de hogar,

estructurada base,

preparada para practicar los cambios necesarios,

para aplicarse una igualdad,

en la cual el trabajo no entiende de

distinción de sexos,

ni de ojos callados,

y se establece un orden objetivo

para normalizar la equidad.

 

Un toro y un torero protagonizan

el siguiente lugar,

dándose una metáfora sin igual,

como el torero ama el toro,

para cumplir con su trágico final,

la mujer es amada por un ente,

del que desea escapar.

No quiere correr la misma suerte que éste,

y en el nombre del arte matar.

La elegancia y el sacrificio

en la plaza se retan las miradas,

reclamando a cuatro vientos,

la obviedad del maltrato,

en esta sociedad patriarcal.

 

Dos caballos tiran firmes

del monumento,

ofreciéndose una elegancia

espectacular,

comparándose con la destreza

de las mujeres al andar.

Mágicas en nuestro baile,

reclamamos nuestra propia danza,

callada de prejuicios,

exenta de culpabilidad,

ya que solas e independientes,

deseamos,

de una vez,

libremente galopar.

 

Además,

el martillo nos quema las manos,

deseando,

al fin,

chocar contra la piedra,

romper el cemento,

resquebrajar los mitos sociales,

en los cuales la mujer

cuenta con un papel inferior,

que ya no piensa mantener.

Demostrando

que no hay colores para los sexos,

ni profesiones,

ni coches,

resaltando la fuerza interior

y exterior

que poseemos.

Para así reclamar

una revalorización

de todo nuestro alrededor.

 

En su hermandad mundial,

las mujeres se abrazan

traspasando fronteras,

creando una unidad a través

del tesoro valenciano

textil de la seda,

una paz de corazón

y un compromiso sentimental,

que provocarán  que las etnias,

por la paz

unidas estarán.

Cogidas de las manos,

cara al mundo,

demostramos que no hay frontera

que pueda separar

la causa común estrella.

 

Aprendiendo otra vez,

el hombre se adentra,

reeducando en las tareas

a través de una consola,

pues no hay forma otra

de entrar en el juego

de la igualdad y

el compromiso.

De romper con los dogmas

establecidos hasta el momento

y reventar el cómodo sillón

estándar de la injusticia,

para,

mano a mano,

crear una sociedad,

no tan ficticia.

 

Sandra empoderada

desahucia a Ribó de su

actual casa,

el ayuntamiento descansa

en manos de una

nueva candidata.

Y Ribó entre cajas

busca el poder,

con cuidado,

de que una bicicleta,

no acabe con él,

pues el carril bici ahora es su hogar,

en el cuál espera,

desde el suelo,

poderse reivindicar.

Mientras tanto,

Sandra viste de novia,

con el bastón de la ciudad

como compromiso,

y Grezzi le ofrece un ramo

un tanto envenenado,

pues las bicicletas

rojas, amarillas y moradas,

asoman poco a poco

un fenómeno virtuoso.

Próximamente

boceto-falla-grande